Alfonsina Storni

"Bien pudiera ser"

Pudiera ser que todo lo que aquí he recogido no fuera más que aquello que nunca pudo ser, no fuera más que algo vedado y reprimido de familia en familia, de mujer en mujer. Dicen que en los solares de mi gente, medido estaba todo aquello que se debía hacer... Dicen que silenciosas las mujeres han sido de mi casa materna... Ah, bien pudiera ser... A veces, en mi madre apuntaron antojos de liberarse, pero se le subió a los ojos una honda amargura, y en la sombra lloró. Y todo eso mordiente, vencido, mutilado, todo eso que se hallaba en su alma encerrado, pienso que sin quererlo lo he libertado yo. (Irremediablemente, 1919)

"Hombre pequeñito"

Hombre pequeñito, hombre pequeñito, suelta a tu canario que quiere volar... no soy el canario, hombre pequeñito, déjame saltar. Estuve en tu jaula, hombre pequeñito, hombre pequeñito que jaula me das. Digo pequeñito porque no me entiendes, ni me entenderás. Tampoco te entiendo, pero mientras tanto ábreme la jaula, que quiero escapar; hombre pequeñito, te amé media hora, no me pidas más. (Irremediablemente, 1919)

"Epitafio para mi tumba"

Aquí descanso yo: dice "Alfonsina" el epitafio claro al que se inclina. Aquí descanso yo, y en este pozo, pues que no siento, me solazo y gozo. Los turbios ojos muertos ya no giran, los labios, desgranados, no suspiran. Duermo mi sueño eterno a pierna suelta; me llaman y no quiero darme vuelta. Tengo la tierra encima y no la siento, llega el invierno y no me enfría el viento. El verano mis sueños no madura, la primavera el pulso no me apura. El corazón no tiembla, salta o late, fuera estoy de la línea de combate. ¿Qué dice el ave aquella, caminante? Tradúceme su canto perturbante: "Nace la luna nueva, el mar perfuma, los cuerpos bellos báñanse de espuma. Va junto al mar un hombre que en la boca lleva una abeja libadora y loca; bajo la blanca tela el torso quiere el otro torso que palpita y muere. Los marineros sueñan en las proas, cantan muchachas desde las canoas. Zarpan los buques y en sus claras cuevas los hombres parten hacia tierras nuevas. La mujer que en el suelo está dormida, y en su epitafio ríe de la vida, como es mujer grabó en su sepultura una mentira aún: la de su hartura." (Ocre, 1925)